Lesbianismo y transexualidad
Rebeca Rullan

AET-Transexualia ( Transexualidad, Intersexualidad, Disforía de Género, Sindrome Harry Benjamin )

TRANSEXUALIDAD Y LESBIANISMO

La falta de información en general sobre la transexualidad conlleva que la realidad de las mujeres transexuales lesbianas sea prácticamente desconocida. De hecho, normalmente se confunde la identidad de género (esto es, la auto-identificación de una persona como perteneciente a un determinado sexo) con la orientación sexual (que define el objeto de deseo en las relaciones sexuales), hecho que conduce a mayores equívocos.

 

La transexualidad se define como una contradicción persistente entre el sexo anatómico (sexo biológico, cromosómico y gonadal) y la identidad de género (sexo psicosocial). En muchos casos, los profesionales de la psicología han considerado que la transexualidad no era más que una forma “extrema” de homosexualidad. Es decir, veían en una mujer transexual a “un hombre” que, incapaz de reconocer socialmente su homosexualidad, efectuaba “un cambio de sexo”. Si observamos con detenimiento el tratamiento que los medios de comunicación prestan a la transexualidad, nos daremos cuenta de que estos prejuicios siguen operando en nuestra sociedad.

 

Ahora bien, de la misma forma que una mujer nunca negará su condición ni suidentidad de género por el hecho de compartir su vida sexual y afectiva con otras mujeres, en el caso de las mujeres transexuales sucede exactamente lo mismo. El proceso de auto-descubrimiento de una mujer transexual no es nada sencillo: enprimer lugar, siempre comienza por una redefinición en sentido positivo y de autoafirmación de aquellas circunstancias que hasta una fecha cercana habían sido descritas como un “grave problema”. Mediante la imposición de unos marcados roles de género y la penalización de cualquier conducta definida socialmente como “una desviación sexual”, la represión social de la propia identidad de género puede conducir a un proceso de auto-negación durante muchos años.

 

Durante la infancia, no se sabe bien lo qué sucede, ni se encuentran respuestas a las preguntas, pero qué duda cabe que la imaginación es libre y los deseos son infinitos…Es en la adolescencia o en la juventud cuándo una mujer transexual puede comenzará reconocerse, a auto-definirse. Hace unas décadas, las referencias positivas sobre la transexualidad eran muy escasas y siempre guardaban relación con alguna artista que había triunfado en el mundo del espectáculo. La información era muy escasa: los manuales de psicología incluían la transexualidad en un amplio catálogo de “desviaciones sexuales” y los psicólogos carecían de una formación específica en la materia para abordar nuestra problemática. Hoy en día, este proceso de reafirmación inicial en la propia identidad sexual se ha tornado menos conflictivo que entonces: el movimiento asociativo transexual (integrado o no en colectivos LGTB) ha servido en muchos casos de red de apoyo, información y asesoramiento en las fases iniciales del proceso de reasignación de sexo y, por otro lado, ya existe una pequeña red de profesionales en las diversas disciplinas de la medicina y la psicología con conocimientos específicos sobre transexualidad y con capacidad para atender a las personas transexuales en las distintas fases del proceso de reasignación de sexo.

 

Por ello, nos encontramos actualmente con fuertes diferencias generacionales en el colectivo de mujeres transexuales: si hace unas décadas sufrían el rechazo social y familiar, el abandono (o expulsión) del hogar, la discriminación laboral (muchas mujeres transexuales se vieron obligadas a recurrir a la prostitución como única alternativa laboral), la situación social de las mujeres transexuales se ha ido normalizando paulatinamente, a costa de muchos esfuerzos y sacrificios. Actualmente, muchas jóvenes transexuales reciben el apoyo familiar (o al menos una actitud comprensiva), se integran (no sin ciertas trabas y dificultades) en todas las esferas de la vida social (educación, trabajo,…) y construyen su propia vida sexual y afectiva al margen de los prejuicios.

 

Hubo quien en su día se atrevió a establecer categorías en la transexualidad, atendiendo a factores tan diversos como el momento en el que se inicia el proceso de reasignación de sexo o a la orientación sexual de la persona transexual. De esta forma, se definió como transexualidad primaria aquella en la que una mujer transexual manifestaba una fuerte y persistente contradicción entre identidad de género y sexo anatómico desde la infancia y adolescencia, iniciaba en su juventud el proceso de reasignación de sexo y sentía atracción sexual hacia personas del sexo opuesto (orientación heterosexual). Por el contrario, las mujeres transexuales que iniciaban su proceso de reasignación de sexo en un período más tardío de su vida, eran catalogadas por la medicina como transexuales secundarias.

Generalmente, sentían atracción hacia personas de su mismo sexo (orientación homosexual).

 

Estas categorías se utilizaron en los protocolos médicos de reasignación de sexo. Obviamente, ni que decir tiene que algunos profesionales consideraban a la primera categoría como la “transexualidad auténtica”. Afortunadamente, en este momento ya no se utilizan estas absurdas líneas divisorias para establecer los protocolos médicos de reasignación de sexo, quizás porque se percataron que la población transexual conocía a fondo la literatura médica y podía superar perfectamente los cuestionarios y las sesiones de terapia adaptándose a esos pretendidos “cánones de la perfección”.

 

El proceso de auto-descubrimiento de la propia sexualidad en una mujer transexual quizás sea menos compleja si ella es heterosexual: en este caso, el deseo sexual hacia los hombres en la adolescencia y juventud contribuye quizás a auto-definirse y reforzar su identidad de género (es decir, antes de iniciar su proceso de reasignación de sexo y su modificación de caracteres sexuales secundarios, descubre que, a la hora de entender su atracción hacia el sexo masculino, no siente ni puede sentir lo mismo que un chico gay, que su problemática no es la misma). Por el contrario, la confusión inicial puede ser mucho mayor en una mujer transexual lesbiana. Si difícil es comprender y autoafirmar la propia identidad sexual en un entorno social que se manifiesta hostil (o se representa interiormente como tal), más complicado resulta interiorizar que ese deseo de relaciones afectivo-sexuales hacia otras mujeres se está viviendo conforme a una identidad de género femenina. De hecho, muchas mujeres transexuales lesbianas, antes de iniciar su proceso de reasignación de sexo, han mantenido relaciones de pareja estables con mujeres (algunas incluso han estado casadas durante muchos años), ocultando durante un tiempo prolongado su identidad de género (en algunas ocasiones, un largo período que sólo provoca mayor incomprensión en el entorno social, afectivo y familiar de la mujer transexual, al no entender “cómo ha podido suceder algo así”).

 

Ahora bien, si el proceso de re-socialización durante la reasignación de sexo puede resultar más complejo en nuestro caso (por los factores anteriormente citados), también es cierto que en el ámbito de nuestra vida afectivo-sexual, las mujeres transexuales lesbianas podemos sentirnos privilegiadas. Así como muchas mujeres transexuales lesbianas tienen relaciones de pareja, las mujeres heterosexuales de nuestro colectivo todavía encuentran grandes dificultades a la hora de entablar relaciones afectivo-sexuales estables. De hecho, una mujer transexual puede resultar atractiva a los hombres, pero cuando la pareja masculina descubre que su compañera ha pasado por un proceso de reasignación de sexo, entran en acción todos sus miedos interiores sobre la sexualidad y, en muchos casos, prefiere

renunciar a su relación afectivo-sexual antes que cuestionar unos planteamientos obsoletos, amparados en una normatividad estricta.

 

Transexualidad y lesbianismo en los colectivos LGTB

 

Aunque en los inicios del movimiento transexual pudiera resultar extraña la presenciade transexuales lesbianas, lo cierto es que nunca han existido demasiados problemas en nuestro colectivo para asumir nuestra propia diversidad: un colectivo en el que hay hombres y mujeres; heterosexuales, gays y lesbianas; transexuales que culminan su proceso en la cirugía de reasignación de sexo y otras/os que no desean operarse; personas que desempeñan muy variadas profesiones (frente al estereotipo social de la prostitución asociada a transexualidad); gentes de muy diversa edad, etnia o nacionalidad, etc.

 

Hace muchos años las mujeres transexuales sí encontraron serios obstáculos en cierto  sector del movimiento feminista, que negaba nuestro derecho a participar en su seno,  recurriendo al burdo argumento de negar nuestra identidad sexual (ideas que ya habían sido desarrolladas en EEUU por Janice Raymond en su libro “El imperio transexual”).

Precisamente, fue gracias al Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid como las mujeres transexuales pudimos transmitir nuestras experiencias y reflexiones en las Jornadas

Feministas celebradas en 1993.

Actualmente, nuestra presencia activa en el movimiento LGTB, compartiendo espacios asociativos y estrategias de lucha por nuestros derechos, ha contribuido a que vayan desapareciendo prejuicios acerca de la realidad transexual en el seno de los colectivos de gays y lesbianas, aunque todavía perduren ciertas actitudes minoritarias en la comunidad LGTB (sobre todo empresas y espacios de ocio) que perciben la transexualidad como una problemática ajena y que –a su entender- no debiera estar representada en su movimiento asociativo. Si bien es cierto que la problemática de las personas transexuales ha ido ganando peso en estos últimos años a la hora de elaborar la agenda reivindicativa y política del movimiento asociativo LGTB, las distintas realidades sociales por las que atraviesa el colectivo transexual en toda su diversidad (como el de las mujeres transexuales lesbianas) todavía no han adquirido suficiente presencia como para generar debates específicos.

 

Rebeca Rullán Berntson.

Presidenta de AET-Transexualia.

Excoordinadora del Área Transexual de la FELGT.

www.transexualia.org

AET-Transexualia@transexualia.org Teléfono: 616 601 510

C/Barquillo, 44 2º Izq. 28004 Madrid

Fotograma de la película “Better than chocolate” de Anne Wheeler. USA, 1999

El personaje de Judy (izq) es transexual y lesbiana en la película. Supone una de las pocas veces que se ha unido transexualidad y lesbianismo en el cine.