
AET-Transexualia
( Transexualidad, Intersexualidad, Disforía de Género, Sindrome Harry Benjamin
)
TRANSEXUALIDAD Y LESBIANISMO
La falta de información en general sobre la transexualidad
conlleva que la realidad de las mujeres transexuales lesbianas sea
prácticamente desconocida. De hecho, normalmente se confunde la identidad de
género (esto es, la auto-identificación de una persona como perteneciente
a un determinado sexo) con la orientación sexual (que define el
objeto de deseo en las relaciones sexuales), hecho que conduce a mayores
equívocos.
La transexualidad se define como una contradicción
persistente entre el sexo anatómico (sexo biológico, cromosómico y gonadal) y
la identidad de género (sexo psicosocial). En muchos casos, los
profesionales de la psicología han considerado que la transexualidad no era más
que una forma “extrema” de homosexualidad. Es decir, veían en una mujer
transexual a “un hombre” que, incapaz de reconocer socialmente su homosexualidad,
efectuaba “un cambio de sexo”. Si observamos con detenimiento el tratamiento
que los medios de comunicación prestan a la transexualidad, nos daremos cuenta de
que estos prejuicios siguen operando en nuestra sociedad.
Ahora bien, de la misma forma que una mujer nunca negará su
condición ni suidentidad de género por el hecho de compartir su vida sexual y
afectiva con otras mujeres, en el caso de las mujeres transexuales sucede
exactamente lo mismo. El proceso de auto-descubrimiento de una mujer
transexual no es nada sencillo: enprimer lugar, siempre comienza por una
redefinición en sentido positivo y de autoafirmación de aquellas circunstancias
que hasta una fecha cercana habían sido descritas como un “grave problema”.
Mediante
la imposición de unos marcados roles de género y la penalización de cualquier
conducta definida socialmente como “una desviación sexual”, la represión
social de la propia identidad de género puede conducir a un proceso de
auto-negación durante muchos años.
Durante la infancia, no se sabe bien lo qué sucede, ni se
encuentran respuestas a las preguntas, pero qué duda cabe que la imaginación es
libre y los deseos son infinitos…Es en la adolescencia o en la juventud cuándo
una mujer transexual puede comenzará reconocerse, a auto-definirse. Hace unas
décadas, las referencias positivas sobre la transexualidad eran muy escasas y
siempre guardaban relación con alguna artista que había triunfado en el mundo
del espectáculo. La información era muy escasa: los manuales de psicología
incluían la transexualidad en un amplio catálogo de “desviaciones
sexuales” y los psicólogos carecían de una formación específica en la
materia para abordar nuestra problemática. Hoy en día, este proceso de
reafirmación inicial en la propia identidad sexual se ha tornado menos
conflictivo que entonces: el movimiento asociativo transexual (integrado o no
en colectivos LGTB) ha servido en muchos casos de red de apoyo, información y asesoramiento
en las fases iniciales del proceso de reasignación de sexo y, por otro lado, ya
existe una pequeña red de profesionales en las diversas disciplinas de la
medicina y la psicología con conocimientos específicos sobre transexualidad y
con capacidad para atender a las personas transexuales en las distintas fases
del proceso de reasignación de sexo.
Por ello, nos encontramos actualmente con fuertes diferencias
generacionales en el colectivo de mujeres transexuales: si hace unas décadas
sufrían el rechazo social y familiar, el abandono (o expulsión) del hogar, la
discriminación laboral (muchas mujeres transexuales se vieron obligadas a
recurrir a la prostitución como única alternativa laboral), la situación social
de las mujeres transexuales se ha ido normalizando paulatinamente, a costa de
muchos esfuerzos y sacrificios. Actualmente, muchas jóvenes transexuales
reciben el apoyo familiar (o al menos una actitud comprensiva), se integran (no
sin ciertas trabas y dificultades) en todas las esferas de la vida social
(educación, trabajo,…) y construyen su propia vida sexual y afectiva al margen
de los prejuicios.
Hubo quien en su día se atrevió a establecer categorías en la
transexualidad, atendiendo a factores tan diversos como el momento en el que se
inicia el proceso de reasignación de sexo o a la orientación sexual de la
persona transexual. De esta forma, se definió como transexualidad primaria
aquella en la que una mujer transexual manifestaba una fuerte y persistente
contradicción entre identidad de género y sexo anatómico desde la infancia y
adolescencia, iniciaba en su juventud el proceso de reasignación de sexo y
sentía atracción sexual hacia personas del sexo opuesto (orientación heterosexual).
Por el contrario, las mujeres transexuales que iniciaban su proceso de
reasignación de sexo en un período más tardío de su vida, eran catalogadas por
la medicina como transexuales secundarias.
Generalmente, sentían atracción hacia personas de su mismo sexo
(orientación homosexual).
Estas categorías se utilizaron en los protocolos médicos de
reasignación de sexo. Obviamente, ni que decir tiene que algunos profesionales
consideraban a la primera categoría como la “transexualidad auténtica”. Afortunadamente,
en este momento ya no se utilizan estas absurdas líneas divisorias para
establecer los protocolos médicos de reasignación de sexo, quizás porque se
percataron que la población transexual conocía a fondo la literatura médica y
podía superar perfectamente los cuestionarios y las sesiones de terapia
adaptándose a esos pretendidos “cánones de la perfección”.
El proceso de auto-descubrimiento de la propia sexualidad en una
mujer transexual quizás sea menos compleja si ella es heterosexual: en este caso,
el deseo sexual hacia los hombres en la adolescencia y juventud contribuye
quizás a auto-definirse y reforzar su identidad de género (es decir, antes de
iniciar su proceso de reasignación de sexo y su modificación de caracteres
sexuales secundarios, descubre que, a la hora de entender su atracción hacia el
sexo masculino, no siente ni puede sentir lo mismo que un chico gay, que su
problemática no es la misma). Por el contrario, la confusión inicial puede ser
mucho mayor en una mujer transexual lesbiana. Si difícil es comprender y
autoafirmar la propia identidad sexual en un entorno social que se manifiesta
hostil (o se representa interiormente como tal), más complicado resulta
interiorizar que ese deseo de relaciones afectivo-sexuales hacia otras mujeres
se está viviendo conforme a una identidad de género femenina. De hecho, muchas
mujeres transexuales lesbianas, antes de iniciar su proceso de reasignación de
sexo, han mantenido relaciones de pareja estables con mujeres (algunas incluso
han estado casadas durante muchos años), ocultando durante un tiempo prolongado
su identidad de género (en algunas ocasiones, un largo período que sólo provoca
mayor incomprensión en el entorno social, afectivo y familiar de la mujer
transexual, al no entender “cómo ha podido suceder algo así”).
Ahora bien, si el proceso de re-socialización durante la
reasignación de sexo puede resultar más complejo en nuestro caso (por los
factores anteriormente citados), también es cierto que en el ámbito de nuestra
vida afectivo-sexual, las mujeres transexuales lesbianas podemos sentirnos privilegiadas.
Así
como muchas mujeres transexuales lesbianas tienen relaciones de pareja, las
mujeres heterosexuales de nuestro colectivo todavía encuentran grandes
dificultades a la hora de entablar relaciones afectivo-sexuales estables. De
hecho, una mujer transexual puede resultar atractiva a los hombres, pero cuando
la pareja masculina descubre que su compañera ha pasado por un proceso de
reasignación de sexo, entran en acción todos sus miedos interiores sobre la
sexualidad y, en muchos casos, prefiere
renunciar a su relación afectivo-sexual antes que cuestionar unos
planteamientos obsoletos, amparados en una normatividad estricta.
Transexualidad y lesbianismo en los colectivos LGTB
Aunque en los inicios del movimiento transexual pudiera
resultar extraña la presenciade transexuales lesbianas, lo cierto es que nunca
han existido demasiados problemas en nuestro colectivo para asumir nuestra
propia diversidad: un colectivo en el que hay hombres y mujeres;
heterosexuales, gays y lesbianas; transexuales que culminan su proceso en la
cirugía de reasignación de sexo y otras/os que no desean operarse; personas que
desempeñan muy variadas profesiones (frente al estereotipo social de la
prostitución asociada a transexualidad); gentes de muy diversa edad, etnia o
nacionalidad, etc.
Hace muchos años las mujeres transexuales sí encontraron serios
obstáculos en cierto sector del
movimiento feminista, que negaba nuestro derecho a participar en su seno, recurriendo al burdo argumento de negar
nuestra identidad sexual (ideas que ya habían sido desarrolladas en EEUU por Janice
Raymond en su libro “El imperio transexual”).
Precisamente, fue gracias al Colectivo de Feministas
Lesbianas de Madrid como las mujeres transexuales pudimos transmitir
nuestras experiencias y reflexiones en las Jornadas
Feministas celebradas en 1993.
Actualmente, nuestra presencia activa en el movimiento LGTB, compartiendo espacios asociativos y estrategias de lucha por nuestros derechos, ha contribuido a que vayan desapareciendo prejuicios acerca de la realidad transexual en el seno de los colectivos de gays y lesbianas, aunque todavía perduren ciertas actitudes minoritarias en la comunidad LGTB (sobre todo empresas y espacios de ocio) que perciben la transexualidad como una problemática ajena y que –a su entender- no debiera estar representada en su movimiento asociativo. Si bien es cierto que la problemática de las personas transexuales ha ido ganando peso en estos últimos años a la hora de elaborar la agenda reivindicativa y política del movimiento asociativo LGTB, las distintas realidades sociales por las que atraviesa el colectivo transexual en toda su diversidad (como el de las mujeres transexuales lesbianas) todavía no han adquirido suficiente presencia como para generar debates específicos.
Rebeca Rullán
Berntson.
Presidenta
de AET-Transexualia.
Excoordinadora
del Área Transexual de la FELGT.
www.transexualia.org
AET-Transexualia@transexualia.org
Teléfono:
616 601 510
C/Barquillo, 44 2º Izq.
28004 Madrid
Fotograma de la
película “Better than chocolate” de Anne Wheeler. USA, 1999
El personaje de
Judy (izq) es transexual y lesbiana en la película. Supone una de las pocas veces
que se ha unido transexualidad y lesbianismo en el cine.